CAOS (7)

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CAOS (7)

Mensaje  Helena el Miér Nov 02, 2016 2:56 pm

Día 7
Cuando desperté, Angélica se había ido. No llamo al room service por el desayuno, tampoco quiero deambular por el barco en busca de ella. Es mejor imaginar que es Angélica quien me busca por los laberintos de este barco.
Permanecí en la cama mirando al vacío camarote un largo rato.
(No sé en qué minuto, Matus, tomé del velador el libro de Ilya Prigogine y empezaba a releerlo con un espíritu distinto al que lo vimos en Valdivia. Algo me dijo que en los "sistemas complejos" pudiera encontrar una respuesta al cambio que ha producido en mí el amor que acabo de encontrar.)
(¿Has visto, Matus algo más intrincado que el amor? Te lo pregunto a tí porque has sufrido su complejidad.)
(Sin darme cuenta, habían dado las seis de la tarde cuando terminé con "Orden a partir del caos". No sentía hambre ni cansancio. Sólo un gran deseo de analizar los sucesos con Angélica y tratar de adentrarme en ellos a la luz del Caos. No se me ocurrió en esos momentos de qué otra manera podía alguien como yo desentrañar el desorden que me quemaba por dentro y llegar al equilibrio que imperaba en mi vida antes de este viaje.)
(¿Te acuerdas, amigo, del Efecto Mariposa? Por si se te olvidó, Pigogine dice que, "pequeños cambios en las condiciones iniciales de la evolución de un sistema, conllevan fuertes amplificaciones de los efectos en su devenir ulterior".)
(En esta parte, Prigogine se está refiriendo a sistemas complejos, por lo tanto supongamos que -y , te repito, estoy seguro que lo es- el amor cabe dentro de los sistemas complejos. Entonces, también todo mi sistema, que también es complejo, fue alterado por la entrada de un folleto lanzado por debajo de la puerta. Si ese folleto no existiera como parte del programa de este barco, probablemente yo no me hubiera acercado por ningún motivo a la Forever, ya que la sola voz de un parlante convidando a la Disco no bastaba para terminar con el desdén que sentía por este viaje, ese mismo día en la mañana.)
(Por otra parte, Matus, si nos remontamos más atrás, convendrás conmigo en que si mi madre no hubiera mandado el recorte del detergente al concurso, yo ni siquira me hubiera embarcado en el King, y estaría, probablemente contigo en Niebla, en este mismo instante caminando por la playa y hablando trivialidades.)
(Hay una observación de Prigogine con respecto a la dinámica de los sistemas. Dice literalmente: "una de las cosas más interesantes de este mundo es la dinámica de los sistemas lejos del equilibrio, cuya inestabilidad, reflejada en comportamiento caótico, hace posible la aparición de nuevas estructuras".)
(Como podrás darte cuenta, amigo mío, mi propio sistema (yo), ha sido víctima de una dinámica lejos de mi propio equilibrio y de ahí mi comportamiento caótico. Reconocerás, ahora, también, que yo mismo tengo ahora una nueva estructura. La que además de serme ajena, no sé cómo manejar)
(Con el sólo concepto de una dinámica lejos del equilibrio, podrás darte cuenta que la Ciencia está pasando por un crítico período de reconceptualización, y es tal véz por eso que dondequiera que miremos está presente la inestabilidad, ya que por todas partes las dinámicas son víctimas del azar)
(No te quiero decir con esto, obviamente, que por primera vez me doy cuenta de la existencia del azar. Lo que quiero señalarte es que la Ciencia dejaba de lado los hechos azarosos; eran lo llamado: excepciones, anormalidades...)
(Te dejo, Matus, parece que Angélica está llamando a mi puerta.)
Me cuesta mucho trabajo levantarme de la cama, siento todo el cuerpo pesado. La dulce voz de Angélica dice: abre, mi amor. Salgamos a cubierta.
Después de un rato logro abrir la puerta. Angélica me abraza sin decir palabra. Nuevamente me siento casi ingrávido. Salimos a cubierta. No sé ecxactamente en cual cubierta estamos. El aire ya no es la brisa de otros días. Es algo que golpéa con fuerza mi rostro casi al punto de herirlo. No quiero seguir. Pero Angélica toma con fuerza mi mano y el ruido del viento impide que me escuche. Le digo que entremos, que el viento es demasiado fuerte, que nos puede hacer caer al mar. Sin embargo ella insiste con la fuerza de su mano. Siento frío. Y de pronto la mano de Angélica se suelta y desaparece. No escucho su voz. Sólo el ruido del viento...
Despierto a las nueve. Me doy cuenta que fue un sueño. Siento alivio, pero no tengo ganas de comer, me duele el cuerpo. Tomo un poco de agua en el baño y vuelvo a la cama. Tampoco quiero dormir; tengo el cuerpo casi tan pesado como en el reciente sueño. A ratos, un escalofrío se apodera de mí. Me toco la frente; estoy ardiendo.
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