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CUENTOS DE CUARENTENA

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Mensaje  Helena Dom Jul 26, 2020 4:55 pm

Cuentos de cuarentena
ENSUEÑOS
J. Mellado.

Mi prima, Maricarmen Braun, nunca creyó en los presagios de los sueños. Siempre me he inclinado a pensar que esta falta de fe tiene muchísimo que ver con el escepticismo que acompaña al Derecho Positivo, disciplina que ella tuvo que aprender a toda prisa, para lograr su título de abogado, entre su primer y segundo matrimonio. Sì, porque se casó dos veces y “por las dos leyes” como manda mi pueblo.
Tampoco se puede desconocer el justo rencor que les tenía a los sueños, porque no fueron capaces de anunciarle la muerte de sus dos maridos.

Del primero de ellos, un Teniente de Ejército que había conocido en los monótonos paseos de la plaza del Pueblo, le quedó un pequeño montepío, una bandera de la patria y el sabor agridulce de un matrimonio no consumado, porque el apuesto militar tuvo la mala ocurrencia de infartarse en las ansiedades previas, de la noche de bodas. El repentino ataque al corazón, eso sí, le dio al difunto la ventaja de quedar en la memoria del pueblo, para siempre, como un valiente soldado que murió en el cumplimiento del deber.

Del segundo, (un maduro, irascible y adinerado agricultor que testó todos sus bienes a las monjas del Buen Pastor del pueblo, en un intento de última hora por alcanzar el cielo) la prima Maricarmen heredó la firme convicción de aprender a elegir con más calma los maridos.

Al comienzo de la segunda viudez acababa de cumplir treinta y seis años. Los hombres del pueblo decían de ella, que sus ojos verdes contenían todas las pasiones y misterios del fondo marino, que sus caderas eran una redonda invitación al adulterio y que era de las pocas señoras del lugar que hablaba sólo, cuando tenía que sacar la inteligencia y la cordura desde su preciosa boca.
Me parece justo y pertinente también contar, que no pocos le decían "viuda negra" y que los caballeros del pueblo apostaban copas del mejor cabernet en el Club Social, para adivinar quién sería el osado tercer hombre a quien la prima Maricarmen, le comprara funerales de primera clase y sepultura de mármol como a los anteriores. Porque eso sí, aunque tuvo que pagarlos a plazo, a los dos primeros les dio digna sepultura.

Una semana después del segundo duelo que los sueños no quisieron anunciar, y llevando el resentimiento (por la donación hecha a las monjas) prendido en el velo de viuda, reabrió el viejo estudio de abogado de su padre, mi santo tío Rafaél Braun, quien murió casi en la indigencia por dedicar su vida a juicios de gente pobre, que pagaba honorarios con gallinas y cuando más, con un cordero. Mi prima se dio personalmente a la tarea de pintarlo, coser fundas para los muebles en su Singer y pintar una cerámica que gritaba su necesidad:

MARICARMEN BRAUN
ABOGADO
ESPECIALIDAD: DIVORCIOS

De todo se dijo en el pueblo sobre el cartel. El obispo le hizo una visita personal para hablarle de la importancia del núcleo familiar en la preservación de los valores de Occidente. El Gran Maestro de la Masonería se acercó a felicitarla por su determinación de luchar contra los prejuicios religiosos y el desamor. La mayoría de las señoras del pueblo le negaron el saludo, por lo que consideraron, ocultamente, "una seria amenaza a su estabilidad económica" y, abiertamente, "una amenaza a los mandamientos de la Iglesia".
"Esto sólo tiene que ver con la exigencia del mercado, es un asunto de oferta y demanda", contestó ella a los apologistas y detractores del divorcio.

Un primer lunes de Abril, día que abrió el estudio, apareció el primer cliente. La prima Maricarmen esperaba a cualquier habitante del pueblo, a cualquiera; menos al Poeta...porque más de alguna vez había recorrido el camino de sus sueños juveniles con su perfil delicado y su pelo largo al viento.
El Poeta nunca le había dirigido a ella una mirada, porque en ese tiempo estaba tan ocupado cantándole al amor, que cuando el amor de Maricarmen pasó a su lado cantándole; no lo pudo ver.

Angel Fernández, llegó a ser el más creativo de los poetas de la provincia desde muy niño. Había ganado los Juegos Florales del Municipio a los catorce años y ahora, que tenía treinta y ocho, se presentaba con un problema legal que lo tenía tan a mal traer, que le había consumido el cuerpo y las palabras : su mujer, mucho mayor que él, se negaba a ser parte de un civilizado juicio de divorcio argumentando la desgastada frase, (que nada tenía de argumento) que sería su marido "hasta que la muerte nos separe como manda la Santa Iglesia Católica".
Angel Fernández contó a mi prima más de alguna intimidad, entre ellas que había sido obligado por los hermanos de su mujer a contraer el vínculo por un falso niño que esperaba... que lo había atrapado con malas artes, en fin, vicios harto vistos y sabidos.
Habló también de la imposibilidad de seguir junto a una mujer, a la que la naturaleza había negado la sensibilidad que los poetas necesitan más que el alimento. Carecía también de la belleza bendita, esa que inspira, esa que obliga a llorarla en un papel.

La prima Maricarmen lo escuchó fingiendo atención en los motivos. Pero lo cierto es que a medida que él hablaba, esos ojos negros y las manos delgadas del poeta, que tan a menudo vio en los sueños, fueron formando una red tibia que le envolvió el largo cuello y las caderas hasta que un oportuno rubor de la razón, le dijo ¡basta!.

Angel Fernández, que había aprendido a través del desamor a percibir lo contrario, salió casi corriendo del estudio, cuando la prima Maricarmen le dijo: "acepto el caso".

No volvió hasta dos meses después, cuando estaba ya algo menos perturbado por la primera visita, que le había dado tanto tema que lo tenían al borde del lanzamiento de un libro de poemas llamado "Sueño Arcano", que sería auspiciado por el Rotary Club del pueblo.

-¡Hace dos meses que no duermo! -dijo apoyando las dos manos en el escritorio de la prima Maricarmen.

-¡Hace dos meses que usted se pasea sonámbulo por mis sueños, sin permiso!

Se cuenta que después de esa entrevista, la prima Maricarmen y el Poeta fueron a vivir un amor escandaloso y desatado a Punta de Lobos, una playa solitaria en los inviernos de mi tierra, en una cabaña chiquita propietaria del océano Pacífico.
Mientras tanto, en el pueblo se cruzaban apuestas increíbles en el Club. Por amplia mayoría, éstas se inclinaban a presagiar el matrimonio y el entierro simultáneo del Poeta. Solamente Don Ramón Martínez, dueño del periódico "La Voz de Colchagua", hombre romántico y de gran fe en los augurios de horóscopos y naipes, se jugó la imprenta, a la opción contraria.

Hubo gran expectativa esperando el regreso de los involucrados en éste sucedido, pero sólo después de varios meses volvieron la prima Maricarmen y el Poeta, a transitar separados y ojerosos por las calles curiosas del pueblo. Dejaron suspendidos los ardores, para no ser acusados de concubinato público, y sólo se permitieron algunas miradas lánguidas en el paseo dominical por la plaza.

Una mañana calurosa de febrero, cuando el pueblo estaba ya algo cansado del verano y del desgaste que traen las conjeturas, el que quiso ver lo vio: un letrero en el frontis del estudio de la prima Maricarmen que decía...

MARICARMEN BRAUN
ABOGADO

Supe de oídas, en conversaciones familiares con sordina, que esa misma tarde se vio al Poeta atravesar la plaza con dos pequeñas maletas en la mano, y después desaparecer tras cerrar sigilosamente la puerta de la casa de mi prima Maricarmen.
FIN
Helena
Helena

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