NOVELA HISTÓRICA DE LA REGIÓN DE LOS LLANOS

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NOVELA HISTÓRICA DE LA REGIÓN DE LOS LLANOS

Mensaje  Troya el Mar Jul 30, 2013 9:38 am

EL RAYO QUE MATÓ A ELISEO

Autor: H. Lucio Ruiz Bernal

Fue entre dos luces, muy tempranito, clareado, cuando se escuchó el tenue sonido producido por la bicicleta marca Búfalo, negra, rodada 28 del indio Luciano quien pedaleaba y ajustaba su biciclo desde El Llano, al otro lado del río “Grande de los Tehuecos”. Dicho velocípedo estaba adaptado con una jaba de madera de pino y clavos de media pulgada de aquellas tomateras, cajón de tablas que había instalado en la parrilla, accesorio donde acarreaba desde su parcela propincua al fértil río, los ejotes de frijol yorimuni, flor de calabaza, chualis, calabacitas tiernas para el colachi, carne machaca de venado, mulitas de chiltepín maduro, panelas de leche vacuna, nopales de la loma y los únicos quesitos redondos de leche de chiva, productos ecológicos cultivados ancestralmente pro los agricultores sinaloenses y elaborados en las parcelas de la Llanura, uno de los mejores campos agrícolas en el planeta, la agricultura ancestral y actual de la gran nación Mayo-Cinaloa.

¿CÓMO ERA EL INDIO?El indio Luciano había heredado la furia, potencia y parsimonia de sus ancestros Mayo-Yoreme, era un indígena esbelto, de cuerpo flacucho y moreno, de piel tostada, cabeza de tortolito, tronco y brazos de mezquite, medio patón o patón y medio y peliprieto como cualquier indio mayo.

A VENDER SU MERCANCIA AL FUERTE
Gracias a su ágil complexión, desde los años cincuentas aceleraba su biciclo dos o tres leguas cada amanecer, desde los días ya vividos cuando su creador le expresión e instruyó una manera honrada y digna de procurar su sustento y el de su raza, pedaleaba, se meneaba y avanzaba acelerando su caballo de don zancas, traspasando el monte tupido de pitahaya y capomo, dirigiéndose al Fuerte de Montesclaros a mercadear su carga ecológica regada con el agua sacra que fluye desde la Sierra Madre Occidental en los feudos de la nación Rarámuri, sementeras que fueron propiedad de sus antepasados desde tiempos inmemoriales que se pierden en el olvido del “Espíritu del Monto” septentrional Yolemme.

EL AMOR POR SU ARMA
Luciano portaba de cincho, sistemáticamente como una manda, como un talismán, una daga larga, puñal que se fue forjado en alguna herrería del sur de Jalisco en la ciudad de Sayula, asumiéndole a dicha arma un cariño y misticismo cósmico sideral, casi metafísico a ese cuchillo que fue propiedad de un revolucionario del norte, hereditario suyo, muy cercano a la sangre de su ya difunta abuela Eloísa.

HERENCIA DE SU TIO EL REVOLUCIONARIO
Esa daga de acero y empuñadura de plata le estimulaba, revelaba y dejaba ver la bizarría y el orgullo de su tío Eliseo quien había participado firmemente en la gesta revolucionaria de 1910, su pariente un soldado que combatió en las fuerzas norteñas de Doroteo Arango el caudillo septentrional quetomó el nombre de un bandolero llamado Pancho Villa.

¿DÓNDE QUEDO MI HIJO, POR DIOS?
Recuerda Luciano con engreimiento cómo al terminar la conflagración armada donde combatió el pueblo campesino, revolución en la cual pelearon “Los de Abajo”, su abuela había hecho cola esperando a su primogénito al cese del fuego; y al no tornar Eliseo, al no volver su sangre a la Llanura como se lo había prometido a su madre, la solitaria anciana casi se convenció de que su retoño había muerto en aquella vorágine.

LARGA ESPERA DE MADRE Y NOVIA
Durante dos lustros o sea a través de diez largos años habían esperado cada día con sus anocheceres y amaneceres a su querido vástago, y al pasar el tiempo de esos años de no observar la figura valiente y morena de su hijo, se inclinó a rumiar que jamás, en ningún tiempo, de ningún modo escucharía las palabras más amorosas murmuradas al oído por su hijo, y su promesa de tornarse a la Llanura, y como en los buenos tiempos arrear el ganado, la vaca vieja oreja mocha y el toro Alfa Capuleto por la orilla del arroyo, hasta el pie del cerro de Los Parajes donde aquel ganado se engordaba, y campear la llanura al lado de Rosaura la novia a la que había entregado promesa de matrimonio; caminar por el arroyo hasta el sauce donde se despedían cuando Eliseo le hacía al mozo de mulas, teniendo recomendado arrear las vacas, vaquillas y becerras por el monte boreal, hasta los arroyos y barrancos frescos de “Los Parajes” donde crecía un verde pasto y follaje que forraba vacas, toros, mulas y todititito el ganado de doña Eloísa.

CUATRO MISTERIOSOS JINETES ¿QUIÉNES SERÁN TÚ?
Después de terminar la guerra de los desheredados, doña Eloísa hizo antesala muchas noches sin dormir, esperando a su hijo Eliseo. Una tarde, casi noche vinieron escurrirse por El Fuerte cuatro disimulados jinetes armados, se supo de ellos porque llegaron a comprar tortillas, panela, chile, café y un poco de frijol al ranchito de Barotén donde los vieron muy bien armados y con mejores caballos, esos cuatro jinetes iban rumbo al Llano, y otro que según dijeron se dirigía hacia Bacorehuis.

¿SERÁ POSIBLE, SEÑOR?
Era el mes de octubre, ya de madrugada cuando doña Eloísa entre dormida y entre  despabilada escuchó relinchidos en el rústico corral de pitahaya y horcones, creyendo reconocer la voz y los gritos de su hijo: ¡Madre, madre, acá estoy de nuevo, he vuelto al Llano madre!!.

UN MILAGRO
Escuchó la viejita aquella potente llamada indudablemente de su sangre, percibió temblando de emoción aquellas dulces palabras que esperó sentada y parada por tres mil seiscientos días con sus noches y medias noches, tiempo en que juzgó difunto a su cachorro, y esa madrugada de las doce treintenas y lunas llenas, tornaba a la Llanura Eliseo donde nacieron sus impulsos de integrarse y participar en la revolución campesina de la nación mexica.

¡¡GRACIAS VIRGENCIA!!
…Mijito, mijito, lloraba de emoción la dulce anciana, acariciando el cuerpo de bronce de su vástago, la virgencita mijito, la virgencita del Tepeyac, se mortificaba la desesperada ancianita, enséñame la Guadalupana le suplicó a su madre Eliseo, y el exrevolucionario extendió la cara interior de su brazo derecho y apareció la imagen inmaculada tatuada de la Virgen morena. Diña Eloísa al observar la venerable imagen delineada de Santa María Guadalupana Madre de los Mayos, peló los ojos, se maravilló y santiguándose se arrodillo en el suelo fértil y barrialoso del Llano, orando quedamente una prolongada plegaria a la madre misericordiosa de la nación mexica.

CUANDO SE FUE DE BRACERO
Algunos años antes de esto que ahora refiero, Eliseo López se fue de mojado al país yanqui, y en los callejones del centro de Los Angeles se tatuó en el antebrazo derecho la imagen de la guadalupana y en su brazo izquierdo el lábaro patrio con su águila real.

¡¡ABRAZAME MADRE!!
Todavía con la euforia del reencuentro Eliseo tomó a su madre por los hombros, la levantó del barrial del rancho, para robarle el abrazo más deseado, la caricia más soñada en los últimos diez años, el momento más imaginado desde que abandonó la Llanura.

A PAGAR LA MANDA
Unosdías mástarde Eliseo y doña Eloísa caminaron a pie desde El Llano hasta El Fuerte de Montesclaros, y de allí hasta Ocolome a pagar una manda, compromiso ofrecido por doña Eloísa prometido a la Virgen de la Candelaria.

LAS PLÁTICAS FRENTE A UN CAFÉ DE TALEGA
Algunas semanas después, una  mañana borrascosa, al olor de un cálido café de talega, disfrutando como en los buenos tiempos, instalados en la cocina de paredes chaparritas, puertas de mezquite y techo de terrado, el ex dorado de Villa contaba alrededor de la hornilla de barro y comal de tapadera de tambor de 200 litros ateflonado con hueso cocido y cal acarreada desde la Lajona.

LA VIRGEN SIEMPRE AL PENDIENTE
Relataba Eliseo que cuando la lucha se tornaba en peligro extremo, sus camaradas de combate le pedían al Llanero que extendiera su brazo derecho para implorarle a la virgencita del Tepeyac para que salvaguardara sus vidas en trance tal.

MÁS RECUERDOS, LA MULA PAJARERA
Seguía la plática, sin dejar en el olvido aquella zarandeada sufrida por Eliseo unos días antes de enrolarse en la revolución, la arrastrada que le propinó la mula pajarera, misma bestia que lo tumbó, arrastrándolo por la parcela recién rastreada, golpeándose el costillar con el rastrojo de la milpa seca y los pequeños cañutos que deja el corte del maíz.

PASEO DOMINGUERO
Una tarde nublada y lluviosa, estando Eliseo en el Llano donde vió la luz primera, salió a ranchear en su caballo palomino enderezado con ataujía de plata y bronce. El siempre portaba su 45 y su espada de oficial, jamás se desarmó. Cuando terminó la Revolución y volvió a la Llanura, se paseaba y correteaba entre las parcelas del Llano; rondaba por los demás ranchos y se paseaba también por el Fuerte de Montesclaros con su cuete alojado en su pistolera.

EL DESTINO SIEMPRE SE CUMPLE
Una tarde, a última hora infortunada, al calor de dos o tres tragos de lechuguilla, cabalgando mi sangre, ranchando encantado entre la lluvia y rayos luminosos, no le hacía mojarse, la euforia era grande; una de aquellas centellas le alcanzaron finalmente la cacha de acero empapada de su pistola, sobreviniéndole irremediablemente la muerte al caerle del cielo del Llano el mortal rayo, EL RAYO QUE MATÓ A ELISEO.
Al día siguiente de la tragedia fue sepultado en el huerto del Señor en Bateve.

ESA QUE LLAMAN RAYA, QUE NADIE HA TRANQUEADO
Ironías de la vida, Eliseo traspasando sierras abruptas, cruzando desiertos, sorteó pantanos, ríos, lagunas, entre el silvar de las balas de los máuser y las carabinas; armas que le confirieron Patria y sobre todo libertad; para terminar fulminado por un rayo que le marcó su raya.

P.D. Mi participación solo fueron los Subtitluos, el autor, se escribe arriba. Gracias por leer.... Troya
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Troya

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