CAOS (9)

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CAOS (9)

Mensaje  Helena el Miér Nov 02, 2016 3:00 pm

Día 9
El teléfono me despierta a las diez. Es Concepción de Guayaquil.
Me pregunta cómo amanecí.
-Muy bién, Concepción. Anoche tuve fiebre. Deliraba. Pero estoy mejor ¿tomaste desayuno?
-Sí, Pablo. Pero si quieres, chico, te acompaño al Royal Dinner para que no desayunes solo. ¡Juntémonos en media hora ahí!
-Bueno, nos vemos.
La ducha me reconforta de la noche anterior. Al salir, en el pasillo me encuentro con Douglas. Me hace un saludo con la mano. Ni siquiera dice buenos días. Me parece, que de alguna forma se escabulle. No tengo ninguna explicación para su conducta. Solamiento pienso que a veces todo el mundo amanece de mal humor.
En el Royal Dinner, Concepción me espera en la puerta. Explicable; no sabe mi número de mesa. El comedor está casi vacío. Hay unos pocos rezagados, con cara de haberlo pasado perfectamente bien la noche anterior.
Nos sentamos y luego llega Bernardo Meneses, el garzón curicano de Los Queñes a ofrecernos toda clase de exquisiteces.
Concepción ordena sólo un café. Yo ordeno todo lo que ella no ha ordenado. El pedido llega pronto, como cualquier cosa que uno pida en el barco. Al parecer también Bernardo Meneses, corre. Como Douglas.
Noto a Concepción con cara preocupada. No se resuelve a tomar el café. Se frota las manos. Me mira a los ojos. Luego los aparta, Hay en su mirada algo parecido a la que me brindara Douglas en el pasillo al salir del camarote.
-¿ Te pasa algo, Concepción? Adivino que me quieres contar algo sobre tu compatriota. Te he divisado muy tomada de la mano de él en la Forever. ¿Te ha desilusionado? Sería imperdonable. Una mujer tan linda como tú. No mereces un desaire.
-No es por mí que estoy preocupada, Pablo.
-¿Y por quién, entonces?
-Por tí, Pablo. Pero no me hagas más preguntas. Desayuna tranquilo. Sólo quiero acompañarte.
Esa repentina preocupación por mí, de parte de Concepción, está indicando que algo, que me afecta directamente, ha pasado. Empiezo a imaginar toda clase de cosas: un terremoto en Valdivia es lo primero que me se viene a la cabeza y un maremoto;como el del sesenta.
En cada Valdiviano, aún los que nacieron antes del 60, hay una marca dejada por aquel movimiento. Es tanto lo que se ha dicho y se sigue diciendo sobre él, que no hay un solo valdiviano que no tenga esa marca en lo más profundo de si mismo. Conoce el alto de las olas en Corral; que dejaron varado un barco en las laderas del cerro. Las casas flotando en las aguas, la gente tragada por el mar enardecido, la amenaza de desborde del lago Riñigue. Valvidia: la ciudad mártir.
¿Qué otra cosa pudiera tener tan preocupada a Concepción, sino los efectos de un nuevo terremoto anunciado por el tevecable?
-¡¿Pasó algo en Chile, Concepción?!
-No, Pablo. Pasó algo en el barco. Esa chica, la chilena...
-¿Angélica? ¡¿Qué pasó?! -Grité, parándome y sacudiéndole los brazos.
-No te desesperes, Pablo. Ya no puedes hacer nada. La encontraron muerta esta mañana en la piscina -dijo casi en un susurro.
Desde ese momento todo enpieza a darme vueltas. Me levanto de la mesa y me mareo. Concepción me toma de un brazo y me ofrece acompañarme al camarote.
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Helena

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